En una cooperativa, ser socio no se limita a acceder a productos o servicios. Implica algo más profundo: formar parte activa del proyecto y de sus decisiones. Este principio distingue al modelo cooperativo de otras formas de organización y es clave para comprender su aporte a una economía más justa, participativa y centrada en las personas.
La propiedad conjunta y la gestión democrática son pilares de la identidad cooperativa y explican por qué este modelo pone a las personas en el centro de su quehacer.
Ser socio es ser parte del proyecto común
En las cooperativas, la propiedad es colectiva y no está concentrada en unos pocos. Todos los socios forman parte de la organización, sin que el capital aportado determine su nivel de influencia.
Esto se traduce en que:
- No existen intereses externos que definan el rumbo de la cooperativa.
- La organización pertenece a quienes la integran y la hacen posible.
- Las decisiones buscan responder a las necesidades reales de las personas y de la comunidad.
La propiedad conjunta fortalece el sentido de pertenencia y compromiso, ya que el desarrollo de la cooperativa está directamente ligado al bienestar de sus socios.
Democracia cooperativa: una persona, un voto
Uno de los principios más relevantes del cooperativismo es su democracia interna. En una cooperativa, cada persona tiene un voto, sin importar su nivel de ingresos o el capital que haya aportado.
Este modelo garantiza:
- Igualdad en la toma de decisiones
- Participación activa de los socios
- Transparencia en la gestión
- Equidad en la representación
La democracia cooperativa permite que las decisiones se construyan de manera colectiva, fortaleciendo la confianza y la responsabilidad compartida.
Gobernanza cooperativa: participación con responsabilidad
La gobernanza cooperativa reúne las normas y prácticas que permiten que esta democracia funcione de forma ordenada, transparente y responsable.
Gracias a una buena gobernanza, las cooperativas:
- Rinden cuentas a sus socios
- Fomentan la participación informada
- Resguardan el uso responsable de los recursos
- Aseguran la sostenibilidad del modelo en el tiempo
La participación no es solo un derecho, también es una responsabilidad que se fortalece a través de la educación y la formación cooperativa.
Cuando el modelo democrático también importa
En un contexto donde muchas decisiones económicas se toman de manera centralizada, el modelo cooperativo demuestra que otra forma de organizarse es posible: una donde las personas participan, deciden y comparten los beneficios del esfuerzo común. La democracia cooperativa no solo fortalece a la organización, también empodera a sus socios y contribuye a comunidades más cohesionadas, participativas y resilientes.